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Dociles medias los halagan de dia y zapatos
de cuero claveteados los
fortifican, pero los dedos de mi pie no quieren saberlo. No les
interesa
otra cosa que emitir uñas: laminas corneas, semitransparentes
y
elasticas, para defenderse, de quien? Brutos y desconfiados como
ellos
solos, no dejan un segundo de preparar ese tenue armamento. Rehusan
el universo y el extasis para seguir elaborando sin fin unas vanas
puntas,
que cercenan y vuelven a cercenar los bruscos tijeretazos de Solingne.
A
los noventa dias crepusculares de encierro prenatal establecieron
esa
unica industria. Cuando yo este guardado en la Recoleta, en una
casa de
color ceniciento provista de flores secas y de talismanes, continuaran
su
terco trabajo, hasta que los modere la corrupcion. Ellos, y la barba
de
mi cara.
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